No pretendo hacer de esta página un gran blog. Sólo es una libreta de recetas, unas aprendidas de mi madre, otras elaboradas por mí. La idea surgió cuando tuve que explicarle dos veces, a un amigo bejarano, cómo hacer una paella de verdad. Luego quedó olvidada. Ahora parece que puede ser de utilidad para mis padres.
Fue mi madre quien me enseñó a cocinar. Con catorce años, en vacaciones, una de mis hermanas y yo teníamos que encargarnos de la comida en semanas alternas. Mi madre nos iba indicando los pasos. Y nosotras la perseguíamos con la cazuela por la casa para que nos dijera si la cantidad de aceite era la adecuada, si estaba bien sofrita la carne, si había bastante caldo...
Cuando, con dieciocho años me fui a estudiar, lo hice con una libretita de recetas que ella me fue dictando. Y todavía la conservo, aunque tanto ella como yo hemos modificado las recetas.
Ahora, mi padre, que se está revelando como un buen cocinero, necesita nuevos platos para conseguir que mi madre coma. Así que para ella y él van estas recetas, de vuelta por lo enseñado y aprendido.

Espero vuestras sugerencias y comentarios.

jueves, 28 de julio de 2016

Hervido

Nada más sencillo que el hervido: patata, cebolla (mejor tierna) y bajoquetes (judías verdes). Sal. Hervir. Servir con un chorro de aceite y, si gusta, vinagre.

Parece mentira que algo así pueda estar bueno, buenísimo. Ese es el hervido básico. Yo suelo ponerle más verduras: zanahoria siempre; si tengo, también acelgas, calabacín, coliflor, alcachofas...

Las judías, perona, si puede ser. Si no hay más remedio, bobby. Sea como sea, ponerlas cuando patatas, cebollas y zanahoria ya llevan un ratito y les falta muy poco. Por favor, que no se queden blandas, las judías. También entonces, las acelgas.

A veces le he añadido un trozo de pastilla de avecrem, si el caldo estaba muy desaborío.
Servir y regar con aceite de oliva, generosamente. Existe mucha costumbre de comerlo habiendo aplastado con el tenedor un poco la patata y la cebolla, mezclándolo todo. Hay quien trocea pequeñito un ajo y lo añade. Mi madre (hace años) y mi abuela, se lo comían con un huevo crudo que mezclaban con las verduras; vicio nada recomendable, por cierto. También le pongo en el plato unas gotas de picante, tipo tabasco.

Me encanta para cenar; no me hace tanta gracia a mediodía: manías. Suelo hacer una olla grande. El primer día lo comemos como mandan los cánones. El siguiente, frío mezclado con mayonesa en vez de aceite. Al otro, triturado con aceite para hacer un puré de verduras. A veces, si hay mucho caldo, lo uso para hacer una sopa, simplemente echando un poco de aceite y unos fideos finos; increíble, pero está muy bueno. También puedo usar el caldo, si sobra, para cualquier guiso o arroz que haga. ¡¡Incluso para una sopa de sobre instntánea!! jajajaja

El olor del hervido, cuando está al fuego, siempre me recuerda al pueblo, a cuando era cría, a mi abuela.