Primero veamos las sobras:

Ayer compré unos cangrejos de río ya cocidos (no suelo comprarlos así, pero era tarde, no había crudos y me encapriché). Sobraron estos poquitos.
También compré unas clóchinas (mejillón del mediterráneo; es otra especie, Mytilus galloprovincialis, más pequeña, de carne más delicada y sabrosa). Las hice simplemente al vapor, con un chorro de aceite, una guindilla y un poco de limón. Guardé el caldo a propósito para hacer este arroz.
El otro día hice migas para comer. En la familia del padre de mis hijos las acompañan con un caldo picante, muy sencillo: hervir tomate, cebolla y patata a trocitos, con un ajo, guindilla y aceite. Echan un poco por encima de las migas, ya en el plato, o cogen una cucharada de migas y la rellenan con caldo. El caso es que a mis hijos les encanta y sobró un poco. (En la foto hay poco caldo, porque lo que más comen es el líquido, dejan los sólidos.)

Hace un par de días comimos alubias con almejas. Como suele pasarme, hice de más.
También tenía un guiso de rape con salsita (cebolla, tomate, puerro, ajo, gambones, almejas), del que nos había sobrado una cola pequeña de rape y algo de la salsa.
Quizá no era necesario, con tanta cosa, pero compré un poco de preparado congelado para arroz de marisco (básicamente, trozos de "vete tú a saber qué tipo de calamar" y microcigalas. Junto con unas gambas congeladas que siempre tengo en el congelador.
Bueno, al asunto. Sofrío los mariscos crudos. Tomate triturado. Unas vueltas a los cangrejos de río cocidos. Pimentón. Cuando ya le he dado unas vueltas, el agua de los mejillones, el caldo de las migas (con unos pocos de los tropezones), las alubias, la salsa de rape (el pescado troceado y las almejas sin conchas). Un hervor. Pongo fideos de grosor mediano, no muchos, porque el caldo ya tenía mucho condumio, con las alubias. Hubiera puesto arroz, pero las alubias se habrían deshecho del todo; tendrían que haber hervido menos, quizá, para un arroz.
¡Para chuparse los dedos!










