Sin ser "viudas", como diría mi madre (solo verduras), están bien sabrosas y son mucho más ligeras que guisadas con embutidos y tocino; tanto en calorías como en facilidad de digestión.
Sofreír una cebolla grande y un ajo, picados, a fuego flojo. Cuando esté transparente, unas hebras de azafrán (si se tuestan previamente, mejor). Dejar que se doren un poco, remover, añadir una hoja pequeña de laurel y el caldo de dos o tres latas de almejas, berberechos, navajuelas... Poner un bote de alubias cocidas (salen unas tres raciones normales, no grandes). Yo no las escurro, las pongo con la gelatina que llevan, porque espesa el caldo. Añadir algo de agua y dejar hervir unos minutos, hasta que se mezclen los sabores y el caldo tenga la consistencia deseada. Poner las almejas y dar un hervor. Se puede espolvorear con perejil picado. ¡Listo!
A veces le he puesto unos cascos de patata también. Le va muy bien sofreír una guindilla con la cebolla, si te gusta el picante.
Este plato se puede hacer de forma muy rápida, como he descrito y siempre hago, o a la manera tradicional.Supongo que ganará con unas buenas alubias cocidas en casa de forma ortodoxa. Y, desde luego, gana con unas almejas frescas. Pero no desmerece con las de lata. Y, si están caras, o quieres improvisar una comida de cuchara con lo que hay en la despensa... ¡pues es una buena opción!
Profesora de Biología, metida a cocinillas. Bueno, lo cierto es que aprendí simultáneamente Biología y cocina. La primera me llevó a ser profesora. Y eso es lo que soy ahora. Así que me queda un ramalazo didáctico, del que no se librará este blog.
No pretendo hacer de esta página un gran blog. Sólo es una libreta de recetas, unas aprendidas de mi madre, otras elaboradas por mí. La idea surgió cuando tuve que explicarle dos veces, a un amigo bejarano, cómo hacer una paella de verdad. Luego quedó olvidada. Ahora parece que puede ser de utilidad para mis padres.
Fue mi madre quien me enseñó a cocinar. Con catorce años, en vacaciones, una de mis hermanas y yo teníamos que encargarnos de la comida en semanas alternas. Mi madre nos iba indicando los pasos. Y nosotras la perseguíamos con la cazuela por la casa para que nos dijera si la cantidad de aceite era la adecuada, si estaba bien sofrita la carne, si había bastante caldo...
Cuando, con dieciocho años me fui a estudiar, lo hice con una libretita de recetas que ella me fue dictando. Y todavía la conservo, aunque tanto ella como yo hemos modificado las recetas.
Ahora, mi padre, que se está revelando como un buen cocinero, necesita nuevos platos para conseguir que mi madre coma. Así que para ella y él van estas recetas, de vuelta por lo enseñado y aprendido.
Espero vuestras sugerencias y comentarios.
Fue mi madre quien me enseñó a cocinar. Con catorce años, en vacaciones, una de mis hermanas y yo teníamos que encargarnos de la comida en semanas alternas. Mi madre nos iba indicando los pasos. Y nosotras la perseguíamos con la cazuela por la casa para que nos dijera si la cantidad de aceite era la adecuada, si estaba bien sofrita la carne, si había bastante caldo...
Cuando, con dieciocho años me fui a estudiar, lo hice con una libretita de recetas que ella me fue dictando. Y todavía la conservo, aunque tanto ella como yo hemos modificado las recetas.
Ahora, mi padre, que se está revelando como un buen cocinero, necesita nuevos platos para conseguir que mi madre coma. Así que para ella y él van estas recetas, de vuelta por lo enseñado y aprendido.
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