Para no parar de comer. ¡Un peligro! Bueno, pero tampoco es hiper-calórico.
Rehogar gambitas rojas enteras en un fondo de aceite. También pueden ser gambones, que se pelarán más rápido. Retirarlas.
En ese aceite, freír los espárragos trigueros a trocitos y las setas que se quieran usar, también troceadas. Salpimentar. Cuando esté todo, añadir bechamel (puede ser de brick, que sale buena, o casera, claro).
Pelar y trocear las gambas; juntarlas con las setas y los espárragos. Estrujar las cabezas sobre la mezcla de bechamel y verduras.
En un bol, batir huevos. Sal, pimienta, unas gotas de tabasco (que no pique, pero que resalte el sabor). Mezclarlo todo. Ha de quedar una crema espesa, pero que se vea bastante huevo; si no, se rompe.
Poner en un molde alargado (bueno, o redondo; para gustos, colores), previamente untado con aceite.
Meter en un recipiente con agua (baño maría) en el horno, a 180-200º. Ir controlando la cocción, pinchando con una aguja larga (de pincho moruno, por ejemplo). Ha de salir limpia; señal de que ya se ha cuajado el huevo. Abrir el horno y dejarlo cinco minutos. Sacarlo y dejarlo enfriar.
Ya frío, desmoldar y cortar en lonchas.
Se puede servir solo. Pero también con mahonesa. O con una salsa hecha con bechamel y trufa (yo tenía trufa triturada en aceite, y la mezclé con bechamel, al fuego).
Se ahorra tiempo, pero también sabor, si se usan gambas congeladas peladas. ¡Pero es que no saben a nada!
Profesora de Biología, metida a cocinillas. Bueno, lo cierto es que aprendí simultáneamente Biología y cocina. La primera me llevó a ser profesora. Y eso es lo que soy ahora. Así que me queda un ramalazo didáctico, del que no se librará este blog.
No pretendo hacer de esta página un gran blog. Sólo es una libreta de recetas, unas aprendidas de mi madre, otras elaboradas por mí. La idea surgió cuando tuve que explicarle dos veces, a un amigo bejarano, cómo hacer una paella de verdad. Luego quedó olvidada. Ahora parece que puede ser de utilidad para mis padres.
Fue mi madre quien me enseñó a cocinar. Con catorce años, en vacaciones, una de mis hermanas y yo teníamos que encargarnos de la comida en semanas alternas. Mi madre nos iba indicando los pasos. Y nosotras la perseguíamos con la cazuela por la casa para que nos dijera si la cantidad de aceite era la adecuada, si estaba bien sofrita la carne, si había bastante caldo...
Cuando, con dieciocho años me fui a estudiar, lo hice con una libretita de recetas que ella me fue dictando. Y todavía la conservo, aunque tanto ella como yo hemos modificado las recetas.
Ahora, mi padre, que se está revelando como un buen cocinero, necesita nuevos platos para conseguir que mi madre coma. Así que para ella y él van estas recetas, de vuelta por lo enseñado y aprendido.
Espero vuestras sugerencias y comentarios.
Fue mi madre quien me enseñó a cocinar. Con catorce años, en vacaciones, una de mis hermanas y yo teníamos que encargarnos de la comida en semanas alternas. Mi madre nos iba indicando los pasos. Y nosotras la perseguíamos con la cazuela por la casa para que nos dijera si la cantidad de aceite era la adecuada, si estaba bien sofrita la carne, si había bastante caldo...
Cuando, con dieciocho años me fui a estudiar, lo hice con una libretita de recetas que ella me fue dictando. Y todavía la conservo, aunque tanto ella como yo hemos modificado las recetas.
Ahora, mi padre, que se está revelando como un buen cocinero, necesita nuevos platos para conseguir que mi madre coma. Así que para ella y él van estas recetas, de vuelta por lo enseñado y aprendido.
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