No pretendo hacer de esta página un gran blog. Sólo es una libreta de recetas, unas aprendidas de mi madre, otras elaboradas por mí. La idea surgió cuando tuve que explicarle dos veces, a un amigo bejarano, cómo hacer una paella de verdad. Luego quedó olvidada. Ahora parece que puede ser de utilidad para mis padres.
Fue mi madre quien me enseñó a cocinar. Con catorce años, en vacaciones, una de mis hermanas y yo teníamos que encargarnos de la comida en semanas alternas. Mi madre nos iba indicando los pasos. Y nosotras la perseguíamos con la cazuela por la casa para que nos dijera si la cantidad de aceite era la adecuada, si estaba bien sofrita la carne, si había bastante caldo...
Cuando, con dieciocho años me fui a estudiar, lo hice con una libretita de recetas que ella me fue dictando. Y todavía la conservo, aunque tanto ella como yo hemos modificado las recetas.
Ahora, mi padre, que se está revelando como un buen cocinero, necesita nuevos platos para conseguir que mi madre coma. Así que para ella y él van estas recetas, de vuelta por lo enseñado y aprendido.

Espero vuestras sugerencias y comentarios.

viernes, 2 de septiembre de 2016

Fideos (o arroz) "degustación"

Esta receta está especialmente dedicada a mi amigo Quique, a quien es imposible convencer de que no tire las sobras de la comida, y de quien hemos hablado mientras nos comíamos este plato, precisamente por eso. La verdad es que ha habido bastante cachondeo entre mis hijos, por la cantidad de sobras diferentes que he usado para hacerlo. Dicen que es un menú degustación, pero todo en uno jajajaja ¡Pero estaba realmente buenísimo!
Primero veamos las sobras:


 Ayer compré unos cangrejos de río ya cocidos (no suelo comprarlos así, pero era tarde, no había crudos y me encapriché). Sobraron estos poquitos.
 También compré unas clóchinas (mejillón del mediterráneo; es otra especie, Mytilus galloprovincialis, más pequeña, de carne más delicada y sabrosa). Las hice simplemente al vapor, con un chorro de aceite, una guindilla y un poco de limón. Guardé el caldo a propósito para hacer este arroz.










El otro día hice migas para comer. En la familia del padre de mis hijos las acompañan con un caldo picante, muy sencillo: hervir tomate, cebolla y patata a trocitos, con un ajo, guindilla y aceite. Echan un poco por encima de las migas, ya en el plato, o cogen una cucharada de migas y la rellenan con caldo. El caso es que a mis hijos les encanta y sobró un poco. (En la foto hay poco caldo, porque lo que más comen es el líquido, dejan los sólidos.)

 Hace un par de días comimos alubias con almejas. Como suele pasarme, hice de más.
















También tenía un guiso de rape con salsita (cebolla, tomate, puerro, ajo, gambones, almejas), del que nos había sobrado una cola pequeña de rape y algo de la salsa.
Quizá no era necesario, con tanta cosa, pero compré un poco de preparado congelado para arroz de marisco (básicamente, trozos de "vete tú a saber qué tipo de calamar" y microcigalas. Junto con unas gambas congeladas que siempre tengo en el congelador.













Bueno, al asunto. Sofrío los mariscos crudos. Tomate triturado. Unas vueltas a los cangrejos de río cocidos. Pimentón.
 Cuando ya le he dado unas vueltas, el agua de los mejillones, el caldo de las migas (con unos pocos de los tropezones), las alubias, la salsa de rape (el pescado troceado y las almejas sin conchas). Un hervor. Pongo fideos de grosor mediano, no muchos, porque el caldo ya tenía mucho condumio, con las alubias. Hubiera puesto arroz, pero las alubias se habrían deshecho del todo; tendrían que haber hervido menos, quizá, para un arroz.
¡Para chuparse los dedos!

miércoles, 31 de agosto de 2016

Alubias con almejas

Sin ser "viudas", como diría mi madre (solo verduras), están bien sabrosas y son mucho más ligeras que guisadas con embutidos y tocino; tanto en calorías como en facilidad de digestión.
Sofreír una cebolla grande y un ajo, picados, a fuego flojo. Cuando esté transparente, unas hebras de azafrán (si se tuestan previamente, mejor). Dejar que se doren un poco, remover, añadir una hoja pequeña de laurel y el caldo de dos o tres latas de almejas, berberechos, navajuelas... Poner un bote de alubias cocidas (salen unas tres raciones normales, no grandes). Yo no las escurro, las pongo con la gelatina que llevan, porque espesa el caldo. Añadir algo de agua y dejar hervir unos minutos, hasta que se mezclen los sabores y el caldo tenga la consistencia deseada. Poner las almejas y dar un hervor. Se puede espolvorear con perejil picado. ¡Listo!

A veces le he puesto unos cascos de patata también. Le va muy bien sofreír una guindilla con la cebolla, si te gusta el picante.
Este plato se puede hacer de forma muy rápida, como he descrito y siempre hago,  o a la manera tradicional.Supongo que ganará con unas buenas alubias cocidas en casa de forma ortodoxa. Y, desde luego, gana con unas almejas frescas. Pero no desmerece con las de lata. Y, si están caras, o quieres improvisar una comida de cuchara con lo que hay en la despensa... ¡pues es una buena opción!

jueves, 28 de julio de 2016

Hervido

Nada más sencillo que el hervido: patata, cebolla (mejor tierna) y bajoquetes (judías verdes). Sal. Hervir. Servir con un chorro de aceite y, si gusta, vinagre.

Parece mentira que algo así pueda estar bueno, buenísimo. Ese es el hervido básico. Yo suelo ponerle más verduras: zanahoria siempre; si tengo, también acelgas, calabacín, coliflor, alcachofas...

Las judías, perona, si puede ser. Si no hay más remedio, bobby. Sea como sea, ponerlas cuando patatas, cebollas y zanahoria ya llevan un ratito y les falta muy poco. Por favor, que no se queden blandas, las judías. También entonces, las acelgas.

A veces le he añadido un trozo de pastilla de avecrem, si el caldo estaba muy desaborío.
Servir y regar con aceite de oliva, generosamente. Existe mucha costumbre de comerlo habiendo aplastado con el tenedor un poco la patata y la cebolla, mezclándolo todo. Hay quien trocea pequeñito un ajo y lo añade. Mi madre (hace años) y mi abuela, se lo comían con un huevo crudo que mezclaban con las verduras; vicio nada recomendable, por cierto. También le pongo en el plato unas gotas de picante, tipo tabasco.

Me encanta para cenar; no me hace tanta gracia a mediodía: manías. Suelo hacer una olla grande. El primer día lo comemos como mandan los cánones. El siguiente, frío mezclado con mayonesa en vez de aceite. Al otro, triturado con aceite para hacer un puré de verduras. A veces, si hay mucho caldo, lo uso para hacer una sopa, simplemente echando un poco de aceite y unos fideos finos; increíble, pero está muy bueno. También puedo usar el caldo, si sobra, para cualquier guiso o arroz que haga. ¡¡Incluso para una sopa de sobre instntánea!! jajajaja

El olor del hervido, cuando está al fuego, siempre me recuerda al pueblo, a cuando era cría, a mi abuela.

sábado, 25 de junio de 2016

Espaguetis con gambas

En un poco de aceite, echar cebolla troceada y un ajo picado. Si se dora un poco demasiado, sin pasarse, está mejor. Añadir unas gambitas peladas. Remover bien y poner una cucharada de queso de untar (por persona), cebollino fresco troceado (si tenéis, claro), pimienta. Dar vueltas hasta que el queso se derrita y se mezcle con el aceite.
Cocer los espaguetis en abundante agua salada, sin aceite. Si queréis divertiros, podéis probar la cocción lanzando un espagueti contra las baldosas jajajaja ;)  Yo prefiero coger uno y morderlo para ver si ya está. Escurrirlos bien, pero sin pasarlos por agua fría, para que el almidón del espagueti coja la salsa. Echarlos directamente a la salsa y remover.
Tened presente que la salsa ha de esperar a los espaguetis; no los espaguetis a la salsa.

Carne estofada con picadillo

La receta es válida para carne de ternera o cerdo; también para aves (pollo, pavo) y conejo.
Freír una rodaja de pan, un par de dientes de ajo pelados y un puñadito de almendras o de avellanas. Retirar a un mortero. En el mismo aceite, dorar la carne troceada, a fuego vivo. Lo ideal sería apartarla a un plato antes de añadir cebolla picada o a tiras; pero igualmente se puede hacer todo junto y es más cómodo. Además de la cebolla, se puede poner un poco de puerro a rodajas, pimiento troceado. Cuando la verdura se haya pochado, poner unos trocitos de jamón o de tocino salado, y dar unas vueltas.Salpimentar.  Cuando esté, poner un buen chorro de coñac, dejar reducir y añadir agua. Dejar cocer a fuego suave hasta que esté casi. Machacar el pan, el ajo y las almendras; mezclar con un poco del caldo y añadirlo al guiso. Dar un hervor. Dejar reposar unos minutos.
Está muy bueno si se le ponen unos champiñones.
En el caso del conejo y el pollo, se puede freír el higadito y majar con el pan, para espesar la salsa.

Pollo en escabeche

Esta receta vale también para conejo, gallina, pavo, codornices, faisán... (jajaja)
Dorar a fuego fuerte la carne y retirar. Añadir cebolla en cascos grandes, zanahoria en rodajas gruesas, cuatro o cinco dientes de ajos enteros (con un golpe), laurel, perejil, granos de pimienta. Dar a todo unas vueltas a fuego vivo, moviendo para que no se queme; no ha de quedar cocido, solo hacerse muy poco y dorarse. Añadir un buen chorro de vinagre (el que guste más) y agua. Poner la carne, salar y dejar hervir. Cuando esté, dejar enfriar en la cazuela. Consumir al otro día.

Carne estofada

Se puede hacer con cualquier carne: ternera, pollo, pavo, magro de cerdo, conejo...
Poner en la cazuela, todo en crudo: la carne troceada, cebolla a tiras, zanahoria en rodajas o en láminas (con el pelapatatas), puerro a rodajas, dos o tres ajos sin pelar (con un golpe), una hoja de laurel, una rama de perejil, granos de pimienta, comino (poco, si gusta), un clavo, pimentón, un chorro de aceite. Un buen chorro de vino blanco y algo de agua. Sal. Dejar cocer hasta que la carne esté tierna, añadiendo agua si es necesario. Ha de quedar un poco de caldito trabado.
Se le pueden poner las verduras que gusten: pimiento verde o rojo en trocitos, alcachofas en cuartos, champiñones (u otras setas) troceados, guisantes...
Para acompañar, arroz blanco, espaguetis, patatas fritas...
También se pueden freír las patatas a cubos y añadirlas para que den un hervor en la salsa.

jueves, 21 de abril de 2016

Fideuà de setas y espárragos


Cójanse los pies de los champiñones, un poco de cebolla, la parte dura de los espárragos y una zanahoria, con laurel y granos de pimienta. Prepárese, con todo ello, un poco de caldo.
Sofríase, en poco aceite, algo de cebolla troceada pequeña. Si se desea, se puede poner una longaniza a cachitos. Añádase, cuando esté a medias, espárragos, champiñones, setas de cardo, todo cortado. Rehóguese. Agruéguese algo de tomate y pimentón (o, mejor, carne de ñoras). Fideos medianos. Mézclese todo y dense una vueltas. Póngase el caldo (entre doble y triple volumen que los fideos). Sálese. Déjese cocer hasta que no quede caldo y se agarre un poco al fondo.
Chúpese los dedos.
Bon profit

viernes, 18 de marzo de 2016

Arròs en bledes (arroz con acelgas)

Otro amigo bejarano me pide esta receta. Cuando le he dicho que había comido esto, todo escandalizado, me pregunta: "¿Sois veganos?" ¡Dios me libre! Y dios le libre a él de morir sin haber probado este arroz, increíblemente sabroso con tan pocos y simples ingredientes. ¡Pá morirte de gusto!

Se ponen a hervir acelgas a trozos; no son testimoniales, ha de haber una buena cantidad (como 300 g, ya limpias, para cuatro raciones). Añadir alubias blancas cocidas (un bote pequeño).

Mientras, poner aceite de oliva en una sartén. Echar dos o tres dientes de ajo un poco aplastados y dejarlos que se doren mucho, hasta casi quemarse. Poner entonces una patata pequeñita en lascas finas. Se puede poner también un nabo a trocitos. Sofreír a fuego lento, para que se queden blanditas. Echar dos o tres cucharadas soperas de tomate picado y dejar freír bien. Una cucharadita generosa de pimentón (de La Vera, por supuesto). Ha de nadar en aceite, no se puede ser tacaño con él, o no tendrá sabor; preferible pasarse un poco que quedarse corto. (Si dejara de hervir, el aceite ha de cubrir toda la superficie.)

Añadir el sofrito a las acelgas y dejar hervir para homogeneizar un poco. Echar el arroz (aunque me maten los valencianos, preferible el arroz del Delta del Ebro). Un puñado grande por persona. Ha de quedar caldoso, con el caldo trabado. Ir jugando con el fuego, para que hierva fuerte al principio, pero sin que se quede seco.

Rectificar de sal. Puede venirle bien un trozo de pastilla de caldo concentrado, si cuando está casi notamos que le falta sabor.

Y lo que le va de perlas es un puñado de caracoles. Previamente lavados y engañados, se echan al principio para que cuezan y dejen sabor.

Cierto que habrá que hacerlo varias veces antes de que salga bien. Pero, cuando se le coge el tranquillo, realmente sorprende por lo bueno que está.

En el pueblo de mi madre, después del arroz con acelgas comen rinrán. Una forma de hacer dos platos con poco más que lo que lleva uno solo. Cuando el arroz ya está, se sacan las acelgas en un plato aparte (si se va a hacer, poner al principio más acelgas para que queden algunas en el arroz después de sacarlas). Se le pone dos huevos duros troceados y bacalao desmigado (quizá un poco desalado, si no gusta fuerte de sal). Un buen chorro de aceite de oliva sabroso y, si apetece, algo de vinagre. Removerlo todo bien. Se come con tenedor y buenos trozos de pan mojando. Bon profit!

viernes, 26 de febrero de 2016

Alubias con sepia

Cocer alubias. A mitad de cocción, poner 1 kg de sepia troceada, una cabeza de ajos, dos cebollas pequeñas, laurel, pimentón, aceite.

Col rizada guisada

Sofreír cebolla troceada y un ajo. Poner carne picada (o longanizas en trozos), moviendo bien para que se deshaga en migas. Añadir col rizada troceada y dar unas vueltas, hasta que se poche. Poner agua, sal, pimienta, laurel y cocer.
Se puede poner patata a trozos o a rodajas, que se sofreirá también junto con la col.

Garbanzos con picada

Cocer garbanzos con una cebolla en la que se habrán pinchado dos o tres clavos, ajos enteros, laurel, perejil, zanahoria, setas chinas, tocino, jamón, morcilla, aceite.
Freír pan y un diente de ajo. Machacar con azafrán y avellanas, añadir yema cocida y majar bien. Desleír con un poco de caldo.
Rehogar cebolla y tomate picados, perejil, pimentón.
Agregar al guiso el majado y el sofrito. Mezclar bien. Añadir la clara cocida a trocitos. 

Garbanzos guisados

Cocer garbanzos con puerro a rodajas, pimiento y tomate troceados, 3 ajos, perejil, pimienta, pimentón, aceite, laurel, jamón (o hueso de jamón), morcilla y espinazo de cerdo. Cuando esté cocido, añadir patatas troceadas y cocer.

Olla de la Plana

Sofreír cebolla picada. Cuando esté, añadir pimentón. Dar unas vueltas y poner agua. Cardo, col, patatas, zanahoria, nabo, judías verdes; todo troceado. Cuando casi esté, poner alubias cocidas. Hervir hasta que espese un poco.
Se pueden poner costillas, espinazo de cerdo, albóndigas pequeñitas...

miércoles, 24 de febrero de 2016

Lentejas con espinacas

Pochar en un poco de aceite cebolla y puerros troceados. Añadir laurel y 2 ñoras. Poner 300g de lentejas (para 4 personas). Cubrir con agua y añadir sal. Cocer.
Sacar la pulpa de las ñoras y echarla al guiso, junto con un poco de orégano.
Añadir 500 g de espinacas picadas y cocer 5 minutos.
Dorar en el  horno 2 rebanadas de pan a cuadraditos y servirlas por encima.

miércoles, 25 de junio de 2014

Pastel de setas, espárragos y gambas

Para no parar de comer. ¡Un peligro! Bueno, pero tampoco es hiper-calórico.
Rehogar gambitas rojas enteras en un fondo de aceite. También pueden ser gambones, que se pelarán más rápido. Retirarlas.
En ese aceite, freír los espárragos trigueros a trocitos y las setas que se quieran usar, también troceadas. Salpimentar. Cuando esté todo, añadir bechamel (puede ser de brick, que sale buena, o casera, claro).
Pelar y trocear las gambas; juntarlas con las setas y los espárragos. Estrujar las cabezas sobre la mezcla de bechamel y verduras.
En un bol, batir huevos. Sal, pimienta, unas gotas de tabasco (que no pique, pero que resalte el sabor). Mezclarlo todo. Ha de quedar una crema espesa, pero que se vea bastante huevo; si no, se rompe.
Poner en un molde alargado (bueno, o redondo; para gustos, colores), previamente untado con aceite.
Meter en un recipiente con agua (baño maría) en el horno, a 180-200º. Ir controlando la cocción, pinchando con una aguja larga (de pincho moruno, por ejemplo). Ha de salir limpia; señal de que ya se ha cuajado el huevo. Abrir el horno y dejarlo cinco minutos. Sacarlo y dejarlo enfriar.
Ya frío, desmoldar y cortar en lonchas.
Se puede servir solo. Pero también con mahonesa. O con una salsa hecha con bechamel y trufa (yo tenía trufa triturada en aceite, y la mezclé con bechamel, al fuego).
Se ahorra tiempo, pero también sabor, si se usan gambas congeladas peladas. ¡Pero es que no saben a nada!

Col rizada estofada

Plato sencillo, completo, rápido y bastante ligero.
Se puede hacer con codillo de cerdo fresco o salado. Si es salado, ponlo a desalar en agua un día entero o dos, cambiando el agua cada pocas horas. También puede ser con osobuco de cerdo. Quítale la grasa que puedas.
Se pone a cocer con un hueso pequeño de jamón y, si quieres, una morcilla de cebolla. Cuando lleve un rato, añade una zanahoria en trozos, un puerro troceado. Cuando esté a medio cocer la verdura, poner también col rizada, a trozos o picada, según gustos. Dejar hervir, añadiendo sal (probar antes), pimienta, clavo. Cuando casi esté, poner patatas a cubos o a láminas. ¡Ya!
También está bueno si, en vez de patatas, se le ponen fideos.
Ha de quedar caldosito, pero el caldo algo trabado.

"Hamburguesa" de pescado especial

Bueno, no es realmente una hamburguesa. Pero a los críos les gustó mucho. Es tan sencillo como hacer una tortilla con pescado. Las migas que quedan en la cabeza de un pescado usado para caldo, pescado asado que haya sobrado o un trozo de cualquier pescado cocido. Se puede sofreír un poco de cebolla picada y dar una vuelta al pescado. O directamente poner el pescado en el huevo.
Lo importante, hacer una tortilla redonda, en una mini-sartén, tamaño pan de hamburguesa. Et...voilà!
Mahonesa o ketchup en el pan, genial si le pones un trozo de tomate y lechuga.
¡Quieren repetir!

viernes, 6 de julio de 2012

Paella. Valenciana, claro. ¿Qué, si no?

Y cuando digo paella valenciana, me refiero a la paella, paella. No a mezclas extrañas que he ido escuchando y viendo por ahí. Claro que en paella se pueden hacer muchos arroces, de los que hablaré en otro momento. Pero, al decir paella, a secas, hablamos de ésta. Paella de pollo, o de pollo y conejo; a la que se le puede también poner pato. Aunque, lo cierto, es que no es muy habitual, con pato; y resulta difícil de lograr el punto, porque el pato suelta mucha grasa. Ahora, si sale bien... mmmmm!


Al grano! Necesitamos pollo, conejo (no es imprescindible), judías verdes planas (la roget, la mejor), tavella (prescindible, para mí; es como una alubia), garrofó (un tipo de alubia grande y plana; se vende congelado), alcachofas (también opcional), ajo, tomate, pimentón rojo (el de la Vera, en Extremadura, inmejorable), arroz (jeje, del Delta del Ebro, perfecto, porque no se abre el grano), aceite, azafrán en hebra (no es estrictamente necesario). Se le pueden poner caracoles (vaquetas) y romero (yo no soy muy amiga del romero).


Sobre el recipiente... Paella es, simplemente, sartén. Y la paella se hace en paella; no tiene otros nombres, el recipiente. Lo ideal, en paella ajustada al número de comensales. Ni demasiado grande, porque el caldo se evaporaría demasiado rápido; ni demasiado pequeña, porque sale con mucho casco, el arroz, y se recuece y reblandece. Además, estaría bien que pudiéramos hacerla con fuego de leña. Es más complicado, porque regular el fuego en cada momento tiene su dificultad.


Empezamos:
Pon la paella en la cocina o donde vayas a hacerla. Échale un poco de aceite, para nivelarla bien. Es importante que esté lo más horizontal posible, para que el aceite y el caldo no se concentren en una zona sólo. Una vez logrado, empezamos. Échale más aceite y enciende el fuego. Para evitar que las zonas sin aceite se quemen, se pone sal directamente en la paella. Ya bien caliente el aceite, echa los trozos de pollo y de conejo. El hígado no debes ponerlo al principio; sólo cuando el pollo ya casi esté. El fuego ha de estar vivo. Se trata de dorar bien el pollo, que fría bien. Ha de estar apetitoso, por el color. 
Cuando está casi, se apartan los trozos de pollo hacia los bordes, dejando una zona vacía en el centro donde se echan las judías verdes troceadas, si son crudas; si fueran congeladas, mejor echarlas justo antes del arroz, para que no se queden blandas). Si le quieres poner alcachofas, cortarlas a gajos y añadirlas también. (Ten en cuenta que las alcachofas dejarán un color grisáceo-verdoso al arroz; pero un sabor inigualable!) A la vez, tomate natural, picado o rallado. Y un ajo bien picado. (Hay grandes controversias, jajaja, sobre si la paella lleva o no ajo.) Rehogarlo todo bien, hasta que el tomate esté del todo frito. Entonces, ponerle pimentón rojo, darle unas vueltas en el aceite y, enseguida, echar agua (agua! no caldo!). 
Si la paella es adecuada en tamaño, el agua debe estar a la altura de los clavos de las asas. Dejar hervir un rato, hasta que veamos que el caldo va tomando aspecto de tal. No dejar demasiado, porque el pollo se hace blando enseguida. Si se van a poner caracoles, ahora, para que hiervan un poco y dejen su sabor. Probar de sal; ha de estar algo fuerte, porque el arroz absorbe mucho. Controlar que el caldo esté por los clavos; es decir, ir añadiendo agua para que no se evapore demasiado. 
Si la verdura es congelada, éste es el momento. Ponerle colorante alimentario, para darle un color agradable.
Cuando el caldo hierve a borbotones apartar la carne hacia los lados, dejando una línea central, un diámetro, lo más despejada posible. Ahí pondremos el arroz. Se vierte en un plato o fuente y, así, lo echaremos dibujando una línea recta, un diámetro. Cuando el caballón, la montañita de arroz, sobresalga un poco por encima del caldo, cuando se pueda ver toda la línea asomando, es que tenemos la cantidad justa de arroz para el caldo de la paella. Entonces con la paleta se distribuye bien por toda la paella, intentando que no queden granos por encima de los tropezones de carne (esta fase, que parece tan fácil, es para mí la más difícil, jeje). En este momento, es muy importante que el fuego esté fuerte para que el caldo hierva bien. Rectificar de sal. 
Si se va a poner azafrán en hebra, tostarlo, machacarlo y desleírlo con un pelín de agua; repartirlo por encima de la paella.
Después de unos 6-8 minutos de hervir fuerte, ir reduciendo el fuego. Si se quiere poner una ramita de romero, pequeña, ponerla ahora, en el centro. El arroz, ya no se toca para nada. Hay que ir vigilando para que no se quede sin nada de caldo y para que no le quede demasiado. Es preferible pecar de dejar el arroz una pizca duro, que se haya quedado sin caldo, a que le sobre. Si, una vez consumido el líquido, parece que está demasiado entero, probarlo; porque la superficie engaña y da la impresión de estar crudo, mientras por el interior ya está bien cocido. Si, realmente, necesita más cocción, apartar el fuego, dejar sólo el calor de las cenizas y tapar con papel la paella. Incluso se puede salpicar con agua el papel, par darle más humedad.
Lo fundamental es apagar el fuego cuando ya no quede nada de caldo. Comprobarlo metiendo una cuchara, si hace falta. Pero, si quedara algo de líquido, el arroz se recocería, se haría blando y se abriría el grano, convirtiendo la paella en una masa de engrudo con trozos de pollo y verdura. Así que más vale secarlo bien, antes de apagar. Si se hace así, el arroz estará en su punto durante horas. 
Es típico, y realmente sabroso, el socarraet. Si la cantidad de aceite de la paella era la adecuada, el fondo del arroz, una vez consumido el caldo, se va dorando y pegando un poco al fondo. Ahí se concentra el sabor!


Bueno, pues ya tenemos la paella. Lo mejor, ponerla en medio de la mesa, cada uno con su cuchara y a comer todos del medio. Cada uno en su parcela, sin meter la cuchara en la de los demás. Si algún trozo de carne que nos sale no nos apetece, se pone en el medio, para que cada uno se sirva. Si hay que servir platos, se hace de la zona del centro, para no tocar las raciones de los que comen en paella. 
¡Y no se le pone limón! Bueno, ésta es mi opinión, bien personal. Hay quien siempre le pone. Pero yo creo que, si el arroz está bueno, no necesita limón, que lo único que hace es disfrazarle el sabor. Por eso vale cuando la paella no está lograda.
Hay una manera impepinable de saber si nuestra paella merece la pena o no: ¿ha sobrado mucha?, tendrás que practicar más; ¿ha faltado o ha llegado justita?, ¡te has lucido!


Resumiendo, los pasos clave:
- Freír bien el pollo, que se dore mucho.
- Añadir la verdura, el tomate y el ajo. Pimentón.
- Poner agua y hervir un ratillo.
- Apartar el pollo y echar el caballón de arroz. Repartirlo de forma homogénea.
- Hervir a fuego fuerte e ir reduciendo, hasta que el arroz se quede seque del todo.